El huerto humano

Ser un viajero me ha impuesto un mandato: ver el todo como una esfera, pero también salirme de la condición del círculo y volver a observar desde fuera.
Vivir en esa experimentación constante es algo que aprendí en la Patagonia, tenía veinte años y junto a una amiga nos perdimos en mitad de una ruta aislada del fin del mundo.
En el desierto, como en el mar, no existe una relación con el horizonte, no hay puntos de aproximación que nos den una referencia para continuar, y el seguir adelante, el persistir a pesar de todo, es una cuestión interna de la voluntad y auto disciplina.
“El hombre eléctrico” del que hablaba Marshall mc Luhan, cuyo paroxismo en la actualidad son millones de personas mirando constantemente sus móviles esperando vaya a saber qué cosa, es el famoso determinismo tecnológico de la “aldea global”, fenómeno pragmático tan arraigado en nosotros que es muy difícil quitárnoslo de encima. Cuentan que el profesor era un conocido enemigo de la televisión hasta el punto de pedirle a su hijo que no se la dejara contemplar a su nieto.
Él había arribado a mediados de los 60´, a dos conceptos claves de lo que vendría: “Somos lo que vemos”, y, “Formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman”

Recuperé estas ideas sobre el complejo universo que nos gobierna en un momento que me aparté de mis compañeros al visitar el extraordinario trabajo anónimo de los amigos de L´ Aixada com Aixida, cooperativa agro-ecológica, en donde la asamblea de Parad@s de la CGT se acercó para aprender, ¿aprender qué? se preguntarán los lectores, muchas cosas, recuerden la esfera, desde cómo hacer cerveza artesanal hasta clases magistrales de agro alimentación, riego controlado, propiedades del agua, clima, biología, en fin, habrá que ir muchas veces, porque además, como si fuera poco, hemos degustado una comida de tan alta calidad, y soy hostelero, sé de qué hablo, que sería impensable encontrar en el mejor restaurante de Valencia.

El paisaje, motivador de proyectos.

Intentar concienciar a los desempleados sobre el oscuro panorama al que nos enfrentamos es una tarea titánica, nadie quiere oírte, y menos en Agosto, pero es precisamente allí donde ese “desierto fijado” me obliga a proseguir, es nuestro compromiso, debemos hacerlo, me inspiran mis compañeros que saben mucho más que yo, por lo tanto no tenemos dudas, la autogestión deberá ser el camino a recorrer, hay mucha gente que ya lo ha hecho, no vamos a descubrir nada nuevo.

En medio del huerto vi la vitalidad de la tierra, de las personas que la cuidan y extraen de sus entrañas los frutos, pero hay más, un proyecto es la suma de muchos otros que no han podido realizarse, es la capacidad de ver donde nadie ve, de adiestrar las posibilidades, de insistir, de concentrar la energía en el centro de todas las perspectivas posibles, pero también, es la materialización de un sueño, porque si el sueño no se construye, se transforma irremediablemente en una pesadilla.
La historia de los pueblos comenzó en la primera huerta, de allí se originó el destino de la humanidad.
Lo que tenemos incorporado en nuestro imaginario colectivo fue inventado y reinventado desde aquél continuo pasado, siempre hacia adelante, siempre hacia más, hoy podemos observar que nos hemos ido de bruces con el futuro, nos hemos fantaseado un sinnúmero de horrores cotidianos que no se corresponden con los preceptos básicos de la naturaleza, es más que obvio.
Nos han grabado a fuego conceptos que no son reales, aunque prueben convencernos a plena luz del día, no son reales, porque sentado a la sombra de la tarde, con la brisa mediterránea en mi espalda, con los sonidos del ambiente genuino, dímelo de verdad, ¿qué pinta la estupidez de los políticos, los conflictos sociales inventados para depredar, y el empeño de todos y todas en insistir en un modelo agotado hasta la médula?, ¿qué más necesita el personal para despertar de los engaños?, ¿qué es verdad y qué es mentira?.
Yo sospecho que cuando la gente se va a las aldeas no desconecta de la ciudad, de la falsedad de vivir más cómodo, en realidad se conecta a la verdad de estar incómodo, porque la incomodidad de la naturalidad es el motor de cualquier búsqueda de la razón.

Queremos encontrar y realizar proyectos incómodos pero reales, deseamos dejar de sobrevivir con nóminas miserables para existir con la dignidad de quien se sabe dueño de sí mismo y ansía ayudar a otros a conseguirlo.
¿Lo lograremos?
Hay un desafío que alcanzar, y los desiertos se cruzan con paciencia e inteligencia sí, claro, pero también nos orientaremos por las estrellas de las compañeras y compañeros que guiarán nuestra marcha.

No es que estemos chalados, sólo seremos los precursores de lo que deberá hacer el resto… cuando llegue la hora del lobo: la peor crisis económica que se tenga memoria.

Oscar Cusano/ As. Parados CGT-Valencia

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