En recuerdo del compañero y amigo Jaime Pozas

Por compañeros de Madrid me acabo de enterar que nos ha dejado  definitivamente Jaime Pozas, uno de aquellos jóvenes estudiantes que en la década de los sesenta del pasado siglo sentían en sus venas la llamada de la anarquía y que el Tribunal de Orden Público del franquismo expedientó, dentro del mismo proceso en el que se expedientó a los profesores Agustín García Calvo, López Aranguren y Tierno Galván, por los pronunciamientos producidos en los campus universitarios españoles en 1965. Protestas que culminaron con el Estado de Excepción de 1969.

Con Jaime nos conocimos en una de las charlas que animaba Agustín García Calvo con los componentes de “la horda”. Un grupo informal formado por una mayoría de ex miembros del grupo activista conocido como los “ácratas”. El grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid que fue decisivo para que el torbellino de la revuelta estudiantil de los años 65-69 girara con más virulencia antisistema.

La última vez que nos vimos, si mal no recuerdo, fue en el Ateneo de Madrid, poco años antes del fallecimiento de Agustín García Calvo, y, pese a lo precario de su salud, la impresión que guardé es que seguía sintiéndose orgulloso de la vida que había vivido. La que resumía recordando el comentario que un día le había hecho Agustín García Calvo, refiriéndose al paso de Jaime por las cárceles franquistas: “Quizás te han hecho un favor, te han convertido en un excluido social, ya no tienes nada que perder”.

Jaime había entrado a la Universidad en el año 1962 para estudiar la carrera de Químicas; pero al ser expedientado en el año 1965 y expulsado a perpetuidad de la Universidad Complutense, además de prohibírsele la matriculación en las otras Universidades durante los siguientes cinco años, esa carrera quedó pendiente par siempre.

En las cárceles coincidió con Miguel García, Luis Andrés Edo y otros militantes libertarios. En 1977 fue miembro del primer Comité Nacional de la CNT legalizada después de la muerte de Franco. En 1978, como consecuencia de los enfrentamientos con la policía en el curso de manifestaciones de protesta por el asesinato del compañero Agustín Rueda, se marchó a Inglaterra por algunos años para evitar ser nuevamente encarcelado. Después, en los años noventa, dejó de militar activamente en la CNT; pero, a pesar de su aislamiento, siguió considerándose anarcosindicalista y mantuvo buenas relaciones con las tres organizaciones que en España se reclaman de ese ideario: la CNT, la CGT y Solidaridad Obrera.

No volví a verle; pero estoy convencido de que Jaime Pozas seguía pensando, como Agustín García Calvo, que el levantamiento de estudiantes del 65 y los años siguientes había servido para que “estos días siga manteniéndose con alguna gente la alegría de la negación del orden y el no al Poder”. Alegría que habrá compartido con Agustín en alguna de las asambleas del 15M en la Puerta del Sol: “la alegría de lo inesperado, de lo no previsto, ni por parte de las autoridades y gobiernos, ni por parte de los partidos de cualquier color, verdaderamente imprevisto (…) que yo estaba esperando esto desde hace cuarenta y tantos años, cuarenta y seis”.

Octavio Alberola

Entrevista a Jaime Pozas publicada el Rojo y Negro en archivo adjunto

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