Semana de Acción Global por la Paz y la Justicia Climática

Deixem d´invertir en guerres!

Concentració dimarts, 22 de setembre de 2026 a les 19:30 hores en la Plaça de tetuan, València

La guerra y el militarismo están contribuyendo decisivamente al colapso climático y consumiendo recursos esenciales necesarios para afrontar las crisis sociales, climáticas y ecológicas. Además de quitar vidas y devastar comunidades enteras, la acumulación y uso de la fuerza armada destruye tierras y ecosistemas, contamina aguas, suelos y aire, dejando tras de sí restos tóxicos y armas sin explotar que causan daño a generaciones mucho después de que terminen los conflictos. Los ejércitos mundiales representan el 5,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero: si fueran un país, serían el cuarto mayor emisor nacional del mundo. Y aun así, los ejércitos siguen exentos de acuerdos globales para reducción del gasto. Además, las industrias militares dependen de grandes cantidades de metales, minerales y combustibles fósiles; el ejército estadounidense es el mayor consumidor institucional de combustibles fósiles del mundo. Los combustibles fósiles provocan tanto guerras como desastres climáticos. Los accionistas que se benefician de la extracción de combustibles fósiles están estrechamente vinculados a quienes se benefician de las industrias globales armamentísticas, mineras y tecnológicas. Juntos, impulsan la violencia y la injusticia globales.

La COP29 en Bakú (2024) terminó con los países del Sur Global (que sufren los peores impactos del colapso climático) declarando a las negociaciones climáticas globales una “traición”, ya que los países más ricos del mundo (los mayores responsables del colapso climático) no lograron avance alguno.

Mientras tanto, siempre hay dinero para la guerra. En 2025, el gasto militar global aumentó por undécimo año consecutivo, alcanzando un máximo histórico de 2,88 billones de dólares. Los estados de la OTAN son responsables de más de la mitad de este gasto, mientras que los cinco mayores gastadores a nivel mundial incluyen a Estados Unidos, China, Rusia, Alemania e India. El gasto militar es un factor importante del uso de recursos y energía, y por tanto de las emisiones de carbono.

2024 fue el año más caluroso registrado, con el mayor registro de temperaturas récord, incendios forestales, inundaciones y fenómenos meteorológicos extremos sin precedentes, que no han dejado de repetirse también en 2025 y 2026. No solo se alcanzará, sino que es muy probable que se supere, para 2030, el aumento de 1,5 grados Celsius en las temperaturas globales respecto a los niveles preindustriales; 1,5 grados Celsius es el límite considerado de seguridad. Y, sin embargo, en medio de los crecientes efectos del cambio climático y su desastroso impacto en el bienestar social y económico, los gobiernos de todo el mundo se están militarizando a gran velocidad. En los últimos dos años, la mayoría de los estados de la OTAN y de la UE se han comprometido con aumentos históricos del gasto militar mientras recortan fondos públicos para acciones reales sobre el clima y la biodiversidad, ayuda en el extranjero, bienestar social, justicia migratoria, sociedad civil y construcción de la paz. Esta tendencia se repite a nivel mundial y tiene consecuencias globales para las personas y la salud del planeta. Si los estados de la OTAN alcanzan el objetivo de gasto del 5% del PIB, aceptado por casi todos los miembros en la Cumbre de la OTAN de junio de 2025, destinarán 19 billones de dólares al despliegue militar para 2030. Se estima que esto generará 2.760 millones de toneladas métricas adicionales de dióxido de carbono equivalente (MtCO2) en los próximos cinco años, es decir, más emisiones de carbono que las emisiones anuales combinadas de Brasil y Japón.

Debemos invertir en construir un mundo más seguro y justo a largo plazo, en lugar de alimentar la violencia armada, los desastres sociales y el colapso climático. Es hora de trasladar el dinero de la militarización a modelos consensuados de seguridad colectiva y acción climática. Es hora de romper los lazos con el poder militar y fósil, para que los países y las corporaciones más ricas del mundo se enfrenten al problema del colonialismo y avancen en las reparaciones por pérdidas y daños de su política colonial y saqueadora. Es hora de apoyar una transición rápida y equitativa a nivel sistémico hacia economías y sociedades globales y nacionales justas, verdaderamente sostenibles y regenerativas. Una transición justa no deja a nadie atrás. Invitamos a la gente a unirse en torno a una demanda común: dejemos de invertir en el negocio de la guerra – ¡invirtamos en la transición justa!

Mensajes clave y demandas 2026

  • Reducir y redirigir el gasto militar para satisfacer necesidades sociales y climáticas
  • Detener las carreras armamentísticas globales
  • Reforzar la cooperación multilateral y promover el desarme y la diplomacia por encima de la disuasión
  • Nos negamos a dejar que los contaminadores y multimillonarios dicten nuestro futuro
  • Nos negamos a permitir que estados y corporaciones se beneficien de la guerra y el genocidio
  • Marcamos la línea contra la militarización y la destrucción ecosocial
  • Exigimos justicia climática desmilitarizada
  • Exigimos seguridad común, bienestar humano y planetario
  • Exigimos una transición justa social y ecológica

La Semana de Acción por la Paz y la Justicia Climática está organizada por el Grupo de Trabajo de Armas, Militarismo y Justicia Climática, que incluye la Oficina Internacional de Paz (IPB), Peace Boat, StopWapenhandel, War Resisters International (WRI),Scientists for Global Responsibility (SGR),The Conflict and Environment Observatory (CEOBS) y Transnational Institute (TNI).

La Semana de Acción por la Paz y la Justicia Climática se lanzó en 2024 y se celebra anualmente, con una amplia variedad de eventos y acciones organizados por grupos de todo el mundo, desde seminarios web hasta eventos de incidencia, publicaciones digitales y manifestaciones.

Trabajando juntos, vamos a:

  • Sensibilizar al público sobre los vínculos entre la guerra, el militarismo/militarización, la injusticia social y climática;
  • Construir conexiones entre los movimientos por la paz, el clima y la justicia;
  • Y generar impulso para la acción colectiva y la elaboración de políticas contra el militarismo y para la justicia social y climática.

Es vital que los movimientos por la paz, la justicia social y climática comprendan las conexiones entre nuestras causas y trabajen juntos por un mundo que valore la seguridad y el bienestar de todos; poniendo a las personas y al planeta en primer plano sobre el poder y el beneficio.

¡No hay justicia climática sin justicia social y tampoco sin desmilitarización!

¡Dejemos de invertir en el negocio de la guerra!

¡Invertimos en la transición justa!

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