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Algo más sobre el trabajo decente

Que los grandes sindicatos del mundo, agrupados en la CIS, hayan dedicado una Jornada Internacional al Trabajo Decente dice mucho del espíritu que impulsa a estas organizaciones sindicales, se supone que de clase. Lo primero que llama la atención es que hablen de trabajo decente y no reclamen salarios y derechos decentes, o dignos. Porque el trabajo y la gente que se deja la vida produciendo bienes y beneficios no tienen nada de indecente, de vergonzoso; lo repugnante es la explotación a que se somete a millones de personas y lo poco que perciben a cambio.

Otra de las cosas que resalta poderosamente en la noticia que publicaba Levante-EMV el pasado 8 de octubre, dando amplia cobertura al acto organizado por UGT y CC OO en Valencia, es la capacidad de ambas centrales (o agentes sociales) para olvidar la historia cercana o incluso el presente, donde las direcciones del sindicalismo oficial vienen siendo parte activa en esa pérdida de derechos que se pretendía denunciar. Y que conste que no dejamos de compartir la indignación de las personas que acudieron a dicha concentración para condenar las situaciones de explotación y abusos que han vivido en sus precarios empleos.

Lo que no se puede admitir es que responsables sindicales que han estampado su firma en el sinfín de reformas, pactos y expedientes que tan gravemente han deteriorado salarios, contratos y derechos, quieran aparecer como abanderados del cabreo social provocado por los recortes que ellos mismos han facilitado con sus acuerdos sobre congelación salarial, contratos temporales, negociación colectiva, movilidad funcional y de jornada, retraso de la edad de jubilación, abaratamiento del despido y empleo basura para jóvenes.

Salvo la última reforma del PP, todas las demás (posiblemente tan lesivas como la decretada por Rajoy) han contado con la rúbrica de uno (o los dos) máximos dirigentes sindicales del momento. En cuanto a convenios de sector o empresa, cierres pactados, privilegios sindicales, subvenciones, regulaciones de empleo, etc. los trabajadores afectados y la opinión pública en general saben bien de qué hablamos. Y como en el dicho popular, que nos enseña que para muestra un botón, en la misma página de este diario se recoge la noticia de la autorización del ERE pactado por la constructora Cyes con UGT y CCOO por el que 130 empleados serán despedidos, con una indemnización de ¡20 días por año trabajado! Algo que se antoja cuando menos insuficiente en una empresa que tiene más de mil trabajadores (sin contar las subcontratas), es puntera en el sector de la construcción portuaria, ha diversificado su actividad a otras ramas y cuenta con importantes contratos en Europa, África y Sudamérica.

Por todo ello y por mucho más (que algunos periodistas y jueces están investigando) la celebración de la citada Jornada del Trabajo Decente tiene toda la apariencia de un lavado de cara del sindicalismo institucional ante el desprestigio cosechado por tan nefastas y continuadas actuaciones del mismo y de vacuna frente al protagonismo creciente de sindicatos alternativos y movimientos sociales asamblearios.

Antonio Pérez Collado
CGT